Es cualidad del hombre
Procurar la comprensión de todo lo que lo rodea.
Se enmaraña en inmensas proyecciones
En la que su hipotética lucidez coopera.
Difícil discernir cual sentencia será la correcta,
Cuando nos adentramos en la enajenada mente.
Es que ella nos embuste en una necia apariencia
Que ella misma imagina, crea
En base a nuestros miedos,
Nuestras culpas y dolencias.
Grandes maestros, sin rostros, sin nombres
Nos enseñaron a través de las experiencias vividas
Que la solución se encuentra en transigir.
Nuestra improbable “razón”
Nos condiciona a la hora de nuestra evaluación emocional.
La mente no crea emociones,
Solo las investiga y las deforma.
Es nuestro espíritu quien las crea,
Las percibe, las explora, las siente.
Y solo por medio de el
Nuestro cuerpo las comprende y disfruta.
Pueden darnos paz como perturbarnos
Pueden parecer inexplicables,
O claramente tangibles.
Pero solo si en el proceso del sentir
No nos sumergimos en este mágico mundo
Nuestra evolución quedara retrasada,
Hasta que podamos aceptar y comprender
Que la verdad esta presente
Solo en las profundidades de nuestras almas.
Hasta que no logremos con gratitud
Conectarnos con nuestro interior y sus emociones
Estaremos cegados por la gran nube gris
De la confusión y la tribulación.
El remedio, la introspección.
Lo irremediable, ignorarlo.

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